Los personajes de Aída, El internado, Los hombres de Paco… nos acompañan a lo largo de semanas con sus historias entrañables. Pero para gozar del privilegio de entrar en nuestro salón, un equipo de guionistas ha trabajado durante meses en sus defectos, virtudes y en lo más importante: sus nombres.

Bautizar a un personaje lleva su tiempo. En el caso de Hay alguien ahí (Cuatro), la serie de misterio realiza un juego de palabras imperceptible para el público. “Justo, Salvador o Clara reflejan con sus nombres aspectos de su personalidad”, explica Joaquín Górriz, uno de los creadores de la ficción.
Obviamente, los nombres van ligados a cómo será ese personaje. Para el papel de Chema en Aída (Telecinco), los guionistas homenajearon al panadero de Barrio Sésamo adoptando su diminutivo y rasgos de su carácter, como el ser bonachón.
Combina las representaciones de ‘Arte’ con ‘El internado’, pero ya piensa en pasarse a la producción y no estar tan expuesto.
Luis Merlo se crió en los escenarios teatrales acompañando en las giras a sus padres, María Luisa Merlo y Carlos Larrañaga. Y en las tablas es de los pocos que llenan la taquilla y se ha ganado un merecido prestigio. Ahora representa la comedia Arte, de Yasmina Reza, último título entre un eslabón de funciones dedicadas con cariño a la escena. La televisión le ha dado la popularidad, primero con Aquí no hay quien viva y ahora con El internado. Pero a sus 43 años está pensado en pasar detrás de las bambalinas, apoyando la explotación del Teatro Maravillas junto a su hermano Pedro. Después de la actual temporada de la serie de Antena 3, el personaje de Héctor en la célebre serie de intriga se irá distanciando. Asegura que son exigencias de guión, pero también acusa agotamiento y, como él dice, «estoy cansado de ser el que saca conejos de la chistera».

-Estará agotado, al combinar las representaciones de Arte con la grabación de la serie.
-Ya no me acuerdo del significado de la palabra agotamiento. Es muy injusto porque actores con más talento que yo están repartiendo pizzas porque no tienen trabajo, así que no puedo quejarme. Pero, lógicamente, todo tiene un límite, y si lo cruzo puedo enfermar físicamente. Han sido muchos años de muy buena suerte. Estoy muy agradecido, pero el cansancio es grande.
Dentro del anuncio semanal que hace Antena 3 cada semana nos muestran un pequeño avance de El Internado, en el que se ve a Héctor diciendoles algo muy importante a sus sobrinos, Marcos y Paula:
Por segundo año consecutivo se ha celebrado en Illescas el Foro Gastronómico con el objetivo de debatir asuntos de interés en torno a la gastronomía. «La cocina en tiempo de crisis» ha sido el núcleo central del foro, que ha acogido importantes invitados bajo la coordinación de Antonio Mateos, director del Seminario de Gastronomía, Educación y Salud de la Universidad de Castilla-La Mancha. Una de las ponentes que más expectación levantó fue la conocida actriz Lola Baldrich, quien destacó su visión sobre la cocina en tiempo de crisis y su papel en el ámbito familiar.

Tiene 24 años, es gallego e hijo del escritor Manuel Rivas. Se dio a conocer en El Internado, la serie que cada semana engancha a cuatro millones de espectadores. El año pasado grabó su primera película, Los girasoles ciegos, por la que fue nominado a un goya en la categoría de actor revelación. Actualmente prepara La Wikipeli, un corto dirigido por José Corbacho en el que lo que importa es la decisión de los cibernatuas. En un par de semanas recibirá el Camaleón revelación del 10ª festival de Islantilla.

Todo el mundo sabe que se llama Martiño Rivas, pero no seremos nosotros quienes lo llamemos así, pues si ha decidido cambiarlo por Martín, bien hecho está. Lo decidió en un restaurante en Madrid tras pronunciar varias veces su nombre y que la camarerea no se quedase con la copla. Fue entonces cuando vio claro que debía utilizar un nombre más universal.
Martín llega puntual a nuestra cita en el Templo Deboad. Saluda escrupulosamente, sin excesos. No busca ser simpático. Es correcto, incluso puede parecer frío, aunque en realidad es lo más normal, ya que no nos conocemos de nada. Viene a trabajar. Lo primero que pregunta es que cuántos cambios de ropa tiene que hacerse y tras echar un vistazo a los modelos, rechaza dos. Tiene clarísimo quén es y dónde está. No deja lugar a dudas.
Le has indicado a la maquilladora con detalle cómo debe maquillarte, has seleccionado los modelos que te gustan, la ubicación de la foto… estás en todo.
Estoy trabajando y me gusta decidir cómo hacer un reportaje.
Al fin y al cabo eres tú el protagonista.
Al y fin y al cabo es lo que la gente va a conocer de mí.
¿Te da miedo que lo conozcan?
No, porque eso quiere decir que valoran mi trabajo, aunque cuando te paran por la calle y te cogen del brazo como si te conociese de siempre no es muy agradable.
31 May 09  
Publicado en:
Por Antow  










